Archivo | febrero, 2011

El punto de inflexión.

13 feb

Siempre, siempre, siempre hay un punto de inflexión, en un momento del día o de la vida en el que pasa algo que cambia radicalmente los acontecimientos y hasta el rumbo del planeta me atrevería a decir, como por ejemplo el sábado pasado. Aunque el sábado componga el 50% de el fin de semana hay gente en el mundo a la que nos toca trabajar, así que después de levantarme con un dolor de cabeza horrible ya de buena mañana, no hacer ninguna de las miles de cosas que tenía planeado hacer, tener que abrir a mano la puerta del garaje por que lleva una semana estropeada y dirigirme a mi puesto de trabajo a ofrecer la mejor de mis sonrisas a esas pobres mujeres enamoradas que buscan un regalo de San Valentín…. de repente, Zas! el punto de inflexión!, en este caso ofrecido gracias a esa gran costumbre española de nuestros futuros ganadores del Tour de Francia de entrenar con sus mallots y sus culottes los sábados por la mañana, mallots y culottes, ¡qué gran invento por el amor de Dios!. ¿Y quién estaba detrás de esos culottes en segunda a 15 kilómetros por hora sin poder adelantar por ningún sitio? Si, si, si, si…….¡YO!  Qué gluteos, qué femorales y esos cuádriceps! por Dios los cuádriceps! y si, llegaba tarde al trabajo, pero ya no me dolía la cabeza, ya me daba igual la maravillosa, férrea y estropeada puerta del garaje, y esas estupendas mujeres enamoradas buscando el regalo perfecto, ains qué bonito es San Valentín, me he enamorado de la Peña ciclista de Chiva. Y lo mejor es cuando llega una cuesta, que separan sus culos del sillín y los ponen en pompa, ahí, pedalea que pedalea….. joder que una no es de piedra, cortarse un poquito hombre! ¡Cómo me gusta trabajar los sábados por la mañana!

El momento en el que se nos fue la olla.

8 feb

Aqui estoy, sentada en un tren de camino al aeropuerto y tomando una cerveza. Esta vez me he sentado de espaldas a la marcha del tren, no me interesa ver hacia donde voy, hoy me interesa ver de donde vengo y como se queda atrás un intenso fin de semana. Leyendo mi revista de arquitectura, mecida por el traqueteo del tren y adormilada por los grados de mi cerveza leo un articulo que me dice que otro mundo es posible, que otra forma de pensar es posible y sobre todo que un cambio es posible. El arquitecto Jean Baptiste Barache ha construido la casa de sus sueños, que casi se podría decir la de los míos, con 70.000 euros (ver foto), ¿en que momento de nuestras vidas se nos empezo a ir la olla? ¿En qué momento empezamos a contratar hipotecas de 300.000 euros a 50 años? ¿En que momento dejamos que los bancos se hicieran cargo de nuestras vidas? Me decía mi profesor hace unas horas (por que es mío y de nadie más): nosotros somos los culpables de habernos metido en todo este embolado, la explosión de la burbuja, la crisis o como queráis llamarlo, y tiene toda la razón. Entonces, ¿en qué momento  vamos a cambiar la dirección de nuestras vidas, vamos a volver a emplear nuestros cerebros y recuperar las riendas de nuestro futuro? ¿Cuándo vamos a dejar de preguntarnos quién se ha llevado nuestro queso?

 

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